I. Lo que pensé que pasaría.
Hora de Bogotá: 8:00 AM. Me levanto. Siempre queda la cama hecha nada: el colchón desnudo, las sábanas en el suelo, las cobijas en una bola hacia un solo lado de la cama, las almohadas por todas partes, tiradas, esparcidas, aplastadas. No sé si fumarme un cigarrillo o ir directo al baño. No sé cuándo volveré a ver esta cama, cuándo volveré a estar con Michelle en ella. Decido que no importa, que prefiero no pensarlo sentimentalmente, no todavía. Mejor me fumo el cigarrillo en el baño.
Hora de Bogotá: 8:30 AM. Michelle hace el desayuno. Será el último desayuno que me haga en cuatro meses. Lo pienso así porque siempre pienso en las últimas cosas, pero hoy no quiero pensarlo sentimentalmente. La abrazo por detrás. Le beso el cuello, el cabello, las mejillas, la volteo y le beso la cara, los ojos, la nariz, las cejas, la boca. Sus ojos no están llorosos, no todavía.
Hora de Bogotá: 9:00 AM. Tomamos café. Recordamos momentos. Hacemos planes para el verano. Nos abrazamos. Nos besamos. Michelle se sienta en mis piernas. Fumamos viendo por la ventana. Me despido de Bogotá una vez más, ahora sin tanta nostalgia, sin tantas ganas de llorar. Ya no lo pienso sentimentalmente, no porque así haya querido, sino porque ya lo hemos entendido: no pasará tanto tiempo antes de que volvamos a estar juntos: el pasado dura un instante, el presente es ese mismo instante.
Hora de Bogotá: 9:30 AM. Cerramos las maletas. Fumamos en la ventana. No hablamos. Pasamos media hora en silencio, viéndonos, sonriéndonos, besándonos.
Hora de Bogotá: 10:00 AM. Nos vamos al aeropuerto. El vuelo sale a la 1:30. Hay que estar allá a las 10:30. La maleta roja es pesada. Me cuesta trabajo llevarla por la escalera. Se me cae varias veces mientras la maniobro. Michelle regresa cuando he bajado dos pisos después de haber cargado mi otra maleta y mi computadora hasta el taxi. Me ayuda a cargarla los dos pisos restantes. Subimos todo al taxi. Le decimos al taxista que nos lleve al aeropuerto El Dorado. Nos subimos en la parte trasera. Nos agarramos la mano con fuerza.
Hora de Bogotá: 10:30 AM. La sala de check-in está semivacía. No mucha gente sale hacia México. En cinco minutos he llegado al mostrador, con mi pasaporte y mi papel que me exenta de pagar impuestos. Mis maletas tienen el peso correcto. Veo a mis maletas en la banda, con un lazo que dice "TIJ". La mujer en el mostrador me devuelve mi pasaporte con mi boleto y me dice que tenga buen viaje, que esté en la sala de abordar a la 1:00 y que cruce la aduana a las 12:00.
Hora de Bogotá: 11:00 AM. Caminamos hacia el área de abordar. Nos compramos un café. Nos sentamos en una mesa, agarrados con fuerza de la mano. Bebemos café. Hablamos del verano. Hablamos de México. Hablamos del futuro. Nos sonreímos. Nos besamos. Michelle empieza a llorar. Yo la abrazo fuerte. Yo empiezo a llorar. Nos besamos. Nos seguimos besando. Volvemos a llorar.
Hora de Bogotá: 11:30 AM. Compro dulces y agua en la tienda. Le doy a Michelle todo el dinero colombiano que me sobra. Caminamos un rato. Nos volvemos a sentar, volvemos a abrazarnos y a besarnos, volvemos a llorar. "No me gusta cuando te vas", me dice con los ojos mojados. "A mí tampoco", le contesto con la boca chueca antes de volver a besarla. Nos calmamos. Nos quedamos en silencio, agarrados de la mano.
Hora de Bogotá: 12:00 PM. La abrazo por última vez. La beso por última vez. Lloramos por última vez. Le digo que no esté triste, que pronto vamos a estar juntos, que tiene que ser fuerte, que tiene que seguir adelante, que va a ser rápido. Cruzo la puerta. Estoy en la aduana. Casi no hay gente. Paso mis maletas por los rayos equis. Paso yo por el detector de metales. Me despido de ella con la mano. Llego al mostrador. Me sellan el pasaporte. Me dicen que vuelva pronto. Volteo. La veo por última vez. Nos despedimos por última vez con la mano.
Hora de Bogotá: 12:30 PM. Llego a la sala de espera. Me siento en una banca. Escribo en mi diario.
Hora de Bogotá: 1:00 PM. Comienza el abordaje. Subo al avión. Dejo mis cosas en los compartimentos sobre los asientos. Me siento en la ventanilla. Leo Conversaciones telefónicas de Bolaño. Las aeromozas explican los procedimientos de seguridad. El avión se mueve lentamente hacia la pista de despegue. Dejo el libro. Pienso que esta vez fue más fácil, más natural, menos cruel. Dejo el libro. Me preparo para el despegue.
Hora de Bogotá: 1:30 PM. Despega el avión. Me despido de Bogotá a través de la ventanilla. Me pregunto si Michelle sigue en el aeropuerto, si se quedó para ver despegar mi avión, si se despide de mí con la mano como yo lo hago, si susurra "goodbye, love" como hago yo. No me siento triste, no tan triste. Me siento bien. Me siento conforme. Me siento a gusto con lo que hemos vivido. Reflexiono un momento. Me quedo dormido.
Hora de Bogotá: 2:00 PM. Sigo dormido.
Hora de Bogotá: 3:00 PM. Me despierta la aeromoza para el refrigerio. Me como el sándwich y la ensalada. Pido una Coca-Cola. Dejo los cacahuates. Voy al baño.
Hora de Bogotá: 3:30 PM. Leo a Bolaño.
Hora de Bogotá: 4:00 PM. Me masturbo en el baño del avión, pensando en la última noche.
Hora de Bogotá: 4:30 PM. Escribo en mi diario. Escribo sobre la última noche y sobre la mañana, sobre el aeropuerto, sobre la sensación de desaparecer, de volver a un lugar que ya se siente desconocido, de regresar a una rutina vieja cuando ya se tenía una rutina nueva.
Hora de Bogotá: 5:00 PM. Leo a Bolaño. Tomo un café.
Hora de Bogotá: 5:30 PM. Nos acercamos a la Ciudad de México. Sigo leyendo a Bolaño. Voy al baño.
Hora de Bogotá: 6:00 PM; Hora de México: 5:00 PM. Comienza el aterrizaje.
Hora de Bogotá: 6:30 PM; Hora de México: 5:30 PM. Hemos aterrizado. Cruzo la aduana. Me dan la bienvenida a casa. Compro un café. Me salgo a fumar un cigarrillo. Me siento bien. Le mando un mensaje de texto a Michelle diciéndole que estoy en México y que pronto subo a mi avión a Tijuana, que la amo y que pronto volveremos a estar juntos.
Hora de Bogotá: 7:00 PM; Hora de México: 6:00 PM. Cruzo al área de abordaje. Voy directo a mi puerta. Entro a mi vuelo a Tijuana con el tiempo justo. La aeromoza me desea un buen viaje. Dejo mis cosas en los compartimentos sobre los asientos. Me siento en la ventanilla. Leo Conversaciones telefónicas de Bolaño. Las aeromozas explican los procedimientos de seguridad. El avión se mueve lentamente hacia la pista de despegue. Dejo el libro. Pienso, una vez más, que esta vez fue más fácil, más natural, menos cruel. Dejo el libro. Me preparo para el despegue.
Hora de Bogotá: 7:30 PM; Hora de México: 6:30 PM. Despega el avión. Me despido de México a través de la ventanilla. Me pregunto si Michelle tuitea algo al respecto, si se imagina el despegar de mi avión. Pienso en las veces que he cruzado esta ciudad sólo como escala, como trampolín. Me pongo a leer a Bolaño.
Hora de Bogotá: 8:00 PM; Hora de México: 7:00 PM. Sigo leyendo a Bolaño.
Hora de Bogotá: 9:00 PM; Hora de México: 8:00 PM. Me despierta la aeromoza para el refrigerio. Me como el sándwich y la ensalada. Pido una Coca-Cola. Dejo los cacahuates. Voy al baño.
Hora de Bogotá: 9:30 PM; Hora de México: 8:30 PM. Leo a Bolaño.
Hora de Bogotá: 10:30 PM; Hora de México: 9:30 PM. Escribo en mi diario. Escribo sobre los dos meses juntos, sobre pisar el aeropuerto del D.F. y todas las veces que he estado ahí, fumando, solo, sin más compañía que el destino que se avecina. Nos acercamos a Tijuana.
Hora de Bogotá: 11:00 PM; Hora de México: 10:00 PM; Hora de Tijuana: 8:00 PM. Comienza el aterrizaje.
Hora de Bogotá: 11:30 PM; Hora de México: 10:30 PM; Hora de Tijuana: 8:30 PM. Hemos aterrizado. Recojo mis maletas. Cruzo la aduana. Inspeccionan mis maletas someramente. Me dan la bienvenida a casa. Compro una Coca-Cola en el bar-salón de fumadores que me cuesta 45 pesos. Me fumo un cigarrillo. Me siento bien. Le mando un mensaje de texto a Michelle diciéndole que estoy en Tijuana, que la amo y que pronto volveremos a estar juntos.
Hora de Bogotá: 12:00 AM; Hora de México: 11:oo PM; Hora de Tijuana: 9:00 PM. Cruzo la puerta del aeropuerto. Mis papás me esperan. Me abrazan fuerte. Me dicen que ya me extrañaban. Les digo que yo también, pero que no me hubiera molestado quedarme otro tiempo más en Bogotá. Subimos las cosas al carro. Les platico de algunas cosas del viaje. Me platican cómo está mi abuela, mi abuelo, qué ha cambiado en la ciudad, qué ha pasado en el país, que mi hermano ya sale más en la noche, que siempre se encuentra a mis amigos en los bares a los que ya antes iba y donde ahora él se pasa los fines de semana.
Hora de Bogotá: 12:30 AM; Hora de México: 11:30 PM; Hora de Tijuana: 9:30 PM. Paramos en una taquería cerca de mi casa. Pido dos de asada con todo, luego dos de adobada con pura salsa y aguacate, luego una quesadilla mixta con salsa y aguacate. Estoy en casa. Le mando un último mensaje a Michelle. Le digo que la amo, que duerma con la pijama con la que yo dormía, que abrace las cobijas que huelen a mí, que sueñe conmigo.
II. Lo que debió haber pasado.
Hora de Bogotá: 8:00 PM. Siempre queda la cama hecha nada: el colchón desnudo, las sábanas en el suelo, las cobijas en una bola hacia un solo lado de la cama, las almohadas por todas partes, tiradas, esparcidas, aplastadas. No sé cuándo volveré a ver esta cama, cuándo volveré a estar con Michelle en ella. Nos fumamos un cigarrillo, desnudos todavía. Lo pienso con nostalgia: es el último. Nos besamos otro momento, nos metemos a bañar juntos.
Hora de Bogotá: 8:30 PM. Michelle me enjabona la espalda y yo a ella. Será la última vez que nos bañemos juntos. Lo pienso así porque siempre pienso en las últimas cosas, pero hoy quisiera no pensarlo sentimentalmente. La abrazo por detrás. Le beso el cuello, el cabello, las mejillas, la volteo y le beso la cara, los ojos, la nariz, las cejas, la boca. Sus ojos no están llorosos, no todavía.
Hora de Bogotá: 9:00 PM. Tomamos café. Recordamos momentos. Hacemos planes para el verano. Nos abrazamos. Nos besamos. Michelle se sienta en mis piernas. Fumamos viendo por la ventana. Me despido de Bogotá una vez más, ahora sin tanta nostalgia, sin tantas ganas de llorar. Ya no lo pienso sentimentalmente, no porque así haya querido, sino porque ya lo hemos entendido: no pasará tanto tiempo antes de que volvamos a estar juntos: el pasado dura un instante, el presente es ese mismo instante.
Hora de Bogotá: 9:30 PM. Cerramos las maletas. Fumamos en la ventana. No hablamos. Pasamos media hora en silencio, viéndonos, sonriéndonos, besándonos.
Hora de Bogotá: 10:00 PM. Nos vamos al aeropuerto. El vuelo sale a la 1:30. Hay que estar allá a las 10:30. La maleta roja es pesada. Me cuesta trabajo llevarla por la escalera. Se me cae varias veces mientras la maniobro. Michelle regresa cuando he bajado dos pisos después de haber cargado mi otra maleta y mi computadora hasta el carro que maneja Silvana. Pascal viene con ella. Me ayuda a cargarla los dos pisos restantes. Subimos todo al carro. Nos subimos en la parte trasera. Nos agarramos la mano con fuerza. Platicamos una última vez del viaje a Buenos Aires de Silvana.
Hora de Bogotá: 10:30 PM. La sala de check-in está semivacía. No mucha gente sale hacia México. En cinco minutos he llegado al mostrador, con mi pasaporte y mi papel que me exenta de pagar impuestos. Mis maletas tienen el peso correcto. Veo a mis maletas en la banda, con un lazo que dice "TIJ". La mujer en el mostrador me devuelve mi pasaporte con mi boleto y me dice que tenga buen viaje, que esté en la sala de abordar a la 1:00 y que cruce la aduana a las 12:00.
Hora de Bogotá: 11:00 PM. Caminamos hacia el área de abordar. Nos compramos un café. Nos sentamos en una mesa, agarrados con fuerza de la mano. Bebemos café. Hablamos del verano. Hablamos de México. Hablamos del futuro. Nos sonreímos. Nos besamos. Michelle empieza a llorar. Yo la abrazo fuerte. Yo empiezo a llorar. Nos besamos. Nos seguimos besando. Volvemos a llorar. Silvana y Pascal nos dejan solos.
Hora de Bogotá: 11:30 PM. Compro dulces y agua en la tienda. Silvana bromea si no quiero comprar unos Cheetos de caramelo como la vez pasada. Pascal hace chistes. Le doy a Michelle todo el dinero colombiano que me sobra. Caminamos un rato. Nos volvemos a sentar, volvemos a abrazarnos y a besarnos, volvemos a llorar. "No me gusta cuando te vas", me dice con los ojos mojados. "A mí tampoco", le contesto con la boca chueca antes de volver a besarla. Nos calmamos. Nos quedamos en silencio, agarrados de la mano.
Hora de Bogotá: 12:00 AM. La abrazo por última vez. La beso por última vez. Lloramos por última vez. Le digo que no esté triste, que pronto vamos a estar juntos, que tiene que ser fuerte, que tiene que seguir adelante, que va a ser rápido. Cruzo la puerta. Estoy en la aduana. Casi no hay gente. Paso mis maletas por los rayos equis. Paso yo por el detector de metales. Me despido de todos con la mano. Llego al mostrador. Me sellan el pasaporte. Me dicen que vuelva pronto. Volteo. La veo por última vez. Nos despedimos por última vez con la mano.
Hora de Bogotá: 12:30 AM. Llego a la sala de espera. Me siento en una banca. Escribo en mi diario.
Hora de Bogotá: 1:00 AM. Comienza el abordaje. Subo al avión. Dejo mis cosas en los compartimentos sobre los asientos. Me siento en la ventanilla. Leo Conversaciones telefónicas de Bolaño. Las aeromozas explican los procedimientos de seguridad. El avión se mueve lentamente hacia la pista de despegue. Dejo el libro. Pienso que esta vez fue más fácil, más natural, menos cruel. Dejo el libro. Me preparo para el despegue.
Hora de Bogotá: 1:30 AM. Despega el avión. Me despido de Bogotá a través de la ventanilla. Me pregunto si Michelle sigue en el aeropuerto, si se quedó para ver despegar mi avión, si se despide de mí con la mano como yo lo hago, si susurra "goodbye, love" como hago yo. Asumo que sí. Asumo que Pascal y Silvana la abrazan y le dicen que todo va a estar bien. No me siento triste, no tan triste. Me siento bien. Me siento conforme. Me siento a gusto con lo que hemos vivido. Reflexiono un momento. Me quedo dormido.
Hora de Bogotá: 2:00 AM. Sigo dormido.
Hora de Bogotá: 3:00 AM. Me despierta una turbulencia. Voy al baño. Intento leer un rato pero me quedo dormido de nuevo.
Hora de Bogotá: 4:30 AM. Despierto. Pido una Coca-Cola. Escribo en mi diario. Escribo sobre la última tarde y sobre la noche, sobre el aeropuerto, sobre la sensación de desaparecer, de volver a un lugar que ya se siente desconocido, de regresar a una rutina vieja cuando ya se tenía una rutina nueva. Me vuelvo a quedar dormido.
Hora de Bogotá: 5:30 AM. Nos acercamos a la Ciudad de México. Me mantengo despierto, tomando Coca-Cola.
Hora de Bogotá: 6:00 AM; Hora de México: 5:00 AM. Comienza el aterrizaje.
Hora de Bogotá: 6:30 AM; Hora de México: 5:30 AM. Hemos aterrizado. Cruzo la aduana. Me dan la bienvenida a casa. Compro un café. Me salgo a fumar un cigarrillo. Tengo sueño pero me siento bien. Le mando un mensaje de texto a Michelle diciéndole que estoy en México y que pronto subo a mi avión a Tijuana, que la amo y que pronto volveremos a estar juntos.
Hora de Bogotá: 7:00 AM; Hora de México: 6:00 AM. Cruzo al área de abordaje. Voy directo a mi puerta. Entro a mi vuelo a Tijuana con el tiempo justo. La aeromoza me desea un buen viaje. Dejo mis cosas en los compartimentos sobre los asientos. Me siento en la ventanilla. Leo Conversaciones telefónicas de Bolaño. Las aeromozas explican los procedimientos de seguridad. El avión se mueve lentamente hacia la pista de despegue. Dejo el libro. Pienso, una vez más, que esta vez fue más fácil, más natural, menos cruel. Dejo el libro. Me preparo para el despegue.
Hora de Bogotá: 7:30 AM; Hora de México: 6:30 AM. Despega el avión. Me despido de México a través de la ventanilla. Me pregunto si Michelle ya se habrá despertado, si para ella el día ya habrá comenzado. Pienso que ella durmió sola, con mis cosas, con mis olores en su cuarto, en un cuarto que me tiene de recuerdo, y que yo dormí un poco en un avión, en un asiento de avión, en medio de la nada. Me quedo dormido.
Hora de Bogotá: 8:00 AM; Hora de México: 7:00 AM. Sigo dormido.
Hora de Bogotá: 9:00 AM; Hora de México: 8:00 AM. Me despierta la aeromoza para el refrigerio. Me como el sándwich y la ensalada. Pido una Coca-Cola. Dejo los cacahuates. Voy al baño.
Hora de Bogotá: 9:30 AM; Hora de México: 8:30 AM. Leo a Bolaño.
Hora de Bogotá: 10:30 AM; Hora de México: 9:30 AM. Escribo en mi diario. Escribo sobre los dos meses juntos, sobre pisar el aeropuerto del D.F. y todas las veces que he estado ahí, fumando, solo, sin más compañía que el destino que se avecina. Sobre cómo ahora no soñé que seguíamos juntos durante el vuelo y al despertar me dolía tanto que lloraba, que me iba al baño a llorar. Me siento bien. No tan triste. Feliz por lo que vivimos juntos. Nos acercamos a Tijuana.
Hora de Bogotá: 11:00 AM; Hora de México: 10:00 AM; Hora de Tijuana: 8:00 AM. Comienza el aterrizaje.
Hora de Bogotá: 11:30 AM; Hora de México: 10:30 AM; Hora de Tijuana: 8:30 AM. Hemos aterrizado. Recojo mis maletas. Cruzo la aduana. Inspeccionan mis maletas someramente. Me dan la bienvenida a casa. Compro una Coca-Cola en el bar-salón de fumadores que me cuesta 45 pesos. Me fumo un cigarrillo. Me siento bien. Le mando un mensaje de texto a Michelle diciéndole que buenos días, que ya estoy en Tijuana, que la amo y que pronto volveremos a estar juntos.
Hora de Bogotá: 12:00 PM; Hora de México: 11:oo AM; Hora de Tijuana: 9:00 AM. Cruzo la puerta del aeropuerto. Abraham me espera: mis papás están trabajando. Me abraza fuerte. Me dicen que ya me extrañaba. Le digo que yo también, pero que no me hubiera molestado quedarme otro tiempo más en Bogotá. Subimos las cosas al carro. Le platico de algunas cosas del viaje. Me pone al corriente de lo que ha pasado con los amigos, de su relación con Frine, de su trabajo, de sus proyectos de cine. Le comento que al siguiente día vuelo al D.F. Me dice que él me lleva al aeropuerto. Le digo que investigaré cómo son los proyectos de guión del FONCA.
Hora de Bogotá: 12:30 PM; Hora de México: 11:30 AM; Hora de Tijuana: 9:30 AM. Paramos en una taquería cerca de mi casa. Pido dos de asada con todo, luego dos de adobada con pura salsa y aguacate, luego una quesadilla mixta con salsa y aguacate. Estoy en casa. Le mando un último mensaje a Michelle. Le digo que la amo, que estoy a punto de llegar a mi casa para ver si hablamos un rato.
III. Lo que realmente pasó.
Hora de Bogotá: 8:00 AM. Me levanto. Siempre queda la cama hecha nada: el colchón desnudo, las sábanas en el suelo, las cobijas en una bola hacia un solo lado de la cama, las almohadas por todas partes, tiradas, esparcidas, aplastadas. No sé si fumarme un cigarrillo o ir directo al baño. No sé cuándo volveré a ver esta cama, cuándo volveré a estar con Michelle en ella. Decido que no importa, que prefiero no pensarlo sentimentalmente, no todavía. Mejor me fumo el cigarrillo en el baño.
Hora de Bogotá: 8:30 AM. Michelle hace el desayuno. Será el último desayuno que me haga en cuatro meses. Lo pienso así porque siempre pienso en las últimas cosas, pero hoy no quiero pensarlo sentimentalmente. Reviso mi reservación en internet. Me doy cuenta de que he perdido el vuelo, que era a la 1:25 de la mañana, no de la tarde. Salgo del baño. Llego a donde Michelle, mientras cocina los huevos. La abrazo por detrás. Le beso el cabello. Le digo: "Houston, we have a problem..." Le comento del vuelo. Me dice que no bromee, que soy muy malo para las bromas. Le digo que perdí el vuelo. Se ríe. Aparece Leonor. Le digo que perdí el vuelo. No me creen. Corro. Les enseño en la computadora la hora de partida: 1:25 AM. Michelle se enoja. Me manda a llamar por teléfono a Aeroméxico para solucionarlo de una vez.
Hora de Bogotá: 9:00 AM. Desayunamos y tomamos café mientras llamo a Aeroméxico. Me dan carrilla. Michelle me dice que soy un distraído. Ajustan mi vuelo: salgo un día después a la 1:25 AM. Me cobran 250 dólares por el cambio de vuelo. Fumamos viendo por la ventana. Nos reímos: mi inconsciente me ha traicionado, me ha hecho quedarme un día más.
Hora de Bogotá: 9:30 AM. Nos bañamos juntos. En el baño se le borra a Michelle la molestia por haber perdido mi vuelo. Nos besamos. Me dice que me ama, me agradece por el día extra, así haya costado 250 dólares.
Hora de Bogotá: 10:00 AM. Vamos a casa de Michelle. Nos subimos en la parte trasera del carro de Iván. Nos agarramos la mano con fuerza. Vamos a ver una casa nueva, una casa que quizá renten. Bromeamos porque perdí el vuelo. Bromeamos que me costara 250 dólares un día más en Bogotá.
Hora de Bogotá: 10:30 AM. Vemos la casa. Me gusta. Tiene varios niveles. Imagino futuras visitas a Bogotá en esa casa. El cuarto nuevo de Michelle, lo suficientemente lejos del de Iván y Sandra como para hacer el amor por las noches y para fumar ahí sin problemas. La terraza grande para hacer asados. La nueva sala, dividida en dos, con libros, con mis libros en algunos estantes. Me gusta la casa. Les comento que me gusta la casa.
Hora de Bogotá: 11:00 AM. Seguimos viendo la casa. Me empieza a dar hambre. Platicamos sobre la vista, sobre los pros y los contras de la casa: la cocina es pequeña, los baños son pequeños; pero tiene cuatro baños y la cocina y el comedor están en un área independiente, cerca de la terraza; los cuartos están separados, son más íntimos; los niveles hacen que la casa sea dinámica, fresca.
Hora de Bogotá: 11:30 AM. Volvemos a La Soledad. En el camino armo el cubo Rubik que compramos en la calle a tres mil pesos varias veces.
Hora de Bogotá: 12:00 PM. Dejamos el carro en la casa. Dejamos las cosas en la casa. Caminamos todos, Silvana, Leonor, Iván, Michelle y yo a un restaurante donde venden almuerzos ejecutivos que Leonor nos recomendó.
Hora de Bogotá: 12:30 PM. Nos sentamos en la mesa. Ordenamos cinco almuerzos ejecutivos, uno, el de Silvana, con huevos fritos en lugar de carne. Iván se entretiene tratando de armar el cubo. Michelle y yo platicamos sobre los dos meses, sobre el verano, sobre lo que haremos después.
Hora de Bogotá: 1:00 PM. Comemos. Bromeamos. Comienzo a imaginar qué hubiera pasado si sí hubiera salido mi vuelo a la hora que pensaba, qué estaría haciendo en ese momento, cómo estaría en la sala de espera a punto de tomar mi vuelo. Imagino, también, qué hubiera pasado si hubiera tomado mi vuelo a la hora que debía: ya estaría en Tijuana. Le comento a Michelle que me he desdoblado en tres dimensiones distintas.
Hora de Bogotá: 1:30 PM. No despega ningún avión a México. No me despido de Bogotá a través de la ventanilla. Terminamos de comer. Nos vamos a casa de Michelle. Le ayudo con el oficio. Nos preparamos para salir en un rato.
Hora de Bogotá: 2:00 PM. Vemos televisión.
Hora de Bogotá: 3:00 PM. Estamos en su cuarto. Vemos That 70's Show. Nos abrazamos. Nos besamos. Todo se siente como si yo nunca me fuera a ir, como si me fuera a quedar ahí para siempre.
Hora de Bogotá: 4:00 PM. Caminamos a TransMilenio. Pagamos dos boletos. Tomamos la ruta hacia el templo mormón. Pienso que estaría todavía en el primer vuelo, o en Tijuana, fumando un cigarrillo, ordenando la ropa de mis maletas en mis cajones. Nos toca lleno. Nos subimos. Nos quedamos juntos. Platicamos.
Hora de Bogotá: 4:30 PM. Llegamos a nuestra parada. Caminamos tomados de la mano. Michelle no quiere fumar para no apestarse: no le gusta oler a cigarrillo durante sus clases. Cruzamos varias calles. Llegamos a la cigarrería donde yo la había esperado una vez. Comemos helado.
Hora de Bogotá: 5:00 PM. Escribo en mi diario. Escribo sobre la última noche y sobre la mañana, sobre lo que debió haber sido el aeropuerto, sobre cómo odio que los libros no tengan información sobre el tiraje. Sobre la sensación de desaparecer, de sentir que uno nunca va a volver a un lugar que ya se siente desconocido, de regresar a una rutina vieja cuando ya se tenía una rutina nueva.
Hora de Bogotá: 5:30 PM. Me pongo a leer Conversaciones telefónicas de Bolaño. Pasa frente a mí una adolescente uniformada y hermosa y pienso en Lolita. Pienso en que siempre pienso en clichés. Pienso en que no me quiero devolver a Tijuana.
Hora de Bogotá: 6:00 PM. Si el vuelo hubiera sido como creí que debió haber sido, comenzaría el aterrizaje. Pero no. En vez de eso, sigo leyendo a Bolaño y acabo de escribir en mi diario que quisiera no volver a Tijuana, que quisiera poder quedarme así para siempre, viviendo esa rutina que ya me acostumbré a vivir. Decido ir al local de al lado para comprarme unas empanadas.
Hora de Bogotá: 6:30 PM. Tengo dos empanadas. Me he comido una. He comprado un paquete de Lucky Strike. Una Coca-Cola. Michelle sale de su clase, corre a mí y me besa. Amo que haga eso. Amo que Michelle sea efusiva de pronto. Nos tomamos de la mano. Le cuento lo que escribí sobre los tirajes y algunos cuentos que leí. Caminamos hasta TransMilenio.
Hora de Bogotá: 7:00 PM. Vamos en TransMilenio hasta UniLago. Nos vemos con Iván. Michelle me compra unos chicles. Le digo que si hubiera salido como pensamos que debía salir, en ese momento yo estaría despegando hacia Tijuana. Nos vamos hacia la casa. Nos preparamos, ahora sí, mentalmente, de que ya casi va a ser hora, de que ahora sí nos vamos a tener que despedir de verdad.
Hora de Bogotá: 7:30 PM. Llegamos a la casa. Sandra y Pascal bromean, me dicen que ya no saben si creerme que ahora sí me voy, que seguramente al otro día nos volveremos a ver. Cenamos. Hablamos de nada importante, acaso del verano. Michelle y yo comenzamos a sentirnos raros. Se acerca el momento que no queremos que se acerque. Tomamos un último café.
Hora de Bogotá: 8:00 PM. La sobremesa.
Hora de Bogotá: 8:30 PM. Nos vamos a la casa. Arreglamos las maletas pensando en la estancia en México: han cambiado los planes: ya no llegaré a Tijuana, sino que perderé mi conexión México-Tijuana y, por lo tanto, perderé mi vuelo Tijuana-México del día siguiente. Me quedaré directamente en México. Me quedaré ahí para mi primer encuentro del FONCA. Llegamos y Leonor todavía no está. Comenzamos a arreglar las maletas. Terminamos pronto. Leonor llega. Hacemos café.
Hora de Bogotá: 9:00 PM. Tomamos café. Recordamos momentos. Hacemos planes para el verano. Nos abrazamos. Nos besamos. Michelle se sienta en mis piernas. Fumamos viendo por la ventana. Me despido de Bogotá una vez más, ahora sin tanta nostalgia, sin tantas ganas de llorar. Ya no lo pienso sentimentalmente, no porque así haya querido, sino porque ya lo hemos entendido: no pasará tanto tiempo antes de que volvamos a estar juntos: el pasado dura un instante, el presente es ese mismo instante. Leonor nos deja solos.
Hora de Bogotá: 9:30 PM. Fumamos en la ventana. No hablamos. Pasamos media hora en silencio, viéndonos, sonriéndonos, besándonos. Michelle comienza a llorar. Nos besamos y lloramos.
Hora de Bogotá: 10:00 PM. Nos vamos al aeropuerto. El vuelo sale a la 1:30. Hay que estar allá a las 10:30. La maleta roja es pesada. Me cuesta trabajo llevarla por la escalera. Se me cae varias veces mientras la maniobro. Michelle regresa cuando he bajado dos pisos después de haber cargado mi otra maleta y mi computadora hasta el carro que maneja Iván. Silvana y Renato vienen con él. Me ayuda a cargarla los dos pisos restantes. Subimos todo al carro. Nos subimos en la parte trasera. Nos agarramos la mano con fuerza. Platicamos una última vez del viaje a Buenos Aires de Silvana.
Hora de Bogotá: 10:30 PM. La sala de check-in está semivacía. No mucha gente sale hacia México. En cinco minutos he llegado al mostrador, con mi pasaporte y mi papel que me exenta de pagar impuestos. Mis maletas tienen sobrepeso. La mujer que atiende el mostrador me recomienda meter algo al equipaje de mano pero nada cabe. Intento cambiar algunas cosas de la maleta roja a la más pequeña pero es imposible. Se rompe el cierre de la maleta pequeña. Comienzo a ponerme nervioso, estoy cerca de explotar. Michelle me ayuda, no sabemos qué hacer. Después de casi toda la media hora perdida, la mujer del mostrador me recomienda simplemente plastificar la maleta pequeña con las cosas que no le quepan a la grande dentro. Me salgo de la fila.
Hora de Bogotá: 11:00 PM. Plastifico las maletas. Las dejo listas. Veintitrés kilos en una y veinte en la otra. Volvemos al mostrador sin hacer fila. Paso las maletas. Le explico a la mujer que no voy a tomar mi conexión a Tijuana, sino que voy a sacar las maletas en México. Les coloca un lazo que dice "MEX" y las veo correr por la banda. Me devuelve mi pasaporte y mi boleto y me desea un buen viaje.
Hora de Bogotá: 11:30 PM. Caminamos hacia el área de abordar. Nos compramos una Coca-Cola. Nos sentamos en unas sillas, agarrados con fuerza de la mano. Hablamos del verano. Hablamos de México. Hablamos del futuro. Nos sonreímos. Nos besamos. Michelle empieza a llorar. Yo la abrazo fuerte. Yo empiezo a llorar. Nos besamos. Nos seguimos besando. Volvemos a llorar. Todos nos dejan solos. Le doy a Michelle todo el dinero colombiano que me sobra. Volvemos a abrazarnos y a besarnos, volvemos a llorar. "No me gusta cuando te vas", me dice con los ojos mojados. "A mí tampoco", le contesto con la boca chueca antes de volver a besarla. Nos calmamos. Nos quedamos en silencio, agarrados de la mano.
Hora de Bogotá: 12:00 AM. La abrazo por última vez. La beso por última vez. Lloramos por última vez. Le digo que no esté triste, que pronto vamos a estar juntos, que tiene que ser fuerte, que tiene que seguir adelante, que va a ser rápido. Me abraza Iván, me susurra al oído que esté tranquilo, que me la mandan en verano, que fue un placer tenerme ahí, que soy parte de la familia. Renato me abraza. Silvana me abraza, un último abrazo de oso, me dice que me va a extrañar y yo le digo que yo también. Abrazo a Michelle de nuevo, aunque ya habíamos tenido un último abrazo, y otro beso, y nos separamos, y le digo que nos vemos pronto. Cruzo la puerta. Estoy en la aduana. Casi no hay gente. Paso mis maletas por los rayos equis. Paso yo por el detector de metales. Me despido de todos con la mano. Llego al mostrador. Me sellan el pasaporte. Me dicen que vuelva pronto. Volteo. La veo por última vez. Nos despedimos por última vez con la mano.
Hora de Bogotá: 12:30 AM. Llego a la sala de espera. Hay revisión militar. El militar encargado me arregla las maletas, que tenían problemas con los cierres. Me siento. Saco mi diario. Escribo que es hora de partir. Me asomo por la ventana a ver si puedo ver desde ahí la ventana donde estaría Michelle. Me pregunto si Michelle sigue ahí o si Iván decidió que para qué esperar, que se fueran de una vez.
Hora de Bogotá: 1:00 AM. Comienza el abordaje. Subo al avión. Dejo mis cosas en los compartimentos sobre los asientos. Me siento en la ventanilla. Leo Conversaciones telefónicas de Bolaño. Las aeromozas explican los procedimientos de seguridad. El avión se mueve lentamente hacia la pista de despegue. Dejo el libro. Pienso que esta vez fue más complicado, pero también fácil, más natural, menos cruel. Dejo el libro. Me preparo para el despegue.
Hora de Bogotá: 1:30 AM. Despega el avión. Me despido de Bogotá a través de la ventanilla. Me pregunto si Michelle sigue en el aeropuerto, si se quedó para ver despegar mi avión, si se despide de mí con la mano como yo lo hago, si susurra "goodbye, love" como hago yo. Asumo que no. Asumo que Iván dijo que no tenía caso, que mejor se fueran antes de que se hiciera tarde. No me siento triste, no tan triste. Me siento bien. Me siento conforme. Me siento a gusto con lo que hemos vivido pero estoy muy cansado y me siento mal porque ya no voy a llegar a Tijuana, porque ahora tengo que cargar casi 40 kilos extras en el D.F. Reflexiono un momento. Me quedo dormido.
Hora de Bogotá: 2:00 AM. Sigo dormido.
Hora de Bogotá: 3:00 AM. Me despierta una turbulencia muy fuerte. Voy al baño. Intento leer un rato pero me quedo dormido de nuevo.
Hora de Bogotá: 4:30 AM. Despierto. Pido una Coca-Cola. Escribo en mi diario. Escribo sobre la última tarde y sobre la noche, sobre el aeropuerto, sobre la sensación de desaparecer, de volver a un lugar que ya se siente desconocido, de regresar a una rutina vieja cuando ya se tenía una rutina nueva. Me vuelvo a quedar dormido.
Hora de Bogotá: 5:30 AM. Nos acercamos a la Ciudad de México. Me mantengo despierto, tomando Coca-Cola.
Hora de Bogotá: 6:00 AM; Hora de México: 5:00 AM. Comienza el aterrizaje.
Hora de Bogotá: 6:30 AM; Hora de México: 5:30 AM. Hemos aterrizado. Cruzo la aduana. Me dan la bienvenida a casa. Recojo mis maletas. Compro un café y reviso la contraseña de internet de Starbucks. Me salgo a fumar un cigarrillo. Me conecto a internet. Reviso la dirección de mi hotel. Caigo en cuenta de que perdí mi conexión internacional y que en mi próximo vuelo a Tijuana, cuatro días después, no podré llevarme sino 25 kilos de equipaje, no los 46 que traigo ahora. Tengo sueño. Quiero bañarme. Le mando un mensaje de texto a Michelle diciéndole que estoy en México y que pronto me iré a mi hotel, que la amo y que pronto volveremos a estar juntos.
Hora de Bogotá: 7:00 AM; Hora de México: 6:00 AM. Cago en el aeropuerto. Tomo un taxi. Le doy la dirección de mi hotel. Valoro qué hubiera sido preferible. Concluyo que no importa si dejo 26 kilos en México, encargados con alguien, si gasté 250 dólares, si no he dormido nada, si pagué plastificación, si gasté en el taxi: valió la pena, valió la pena tener un día más. Entonces me quedo dormido en el taxi.
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