lunes, 20 de diciembre de 2010

Bogotá VI: Postal de la empanada

Carrera 48, cerca del Templo Mormón. Empanada de carne con salsa agridulce. Segunda mordida: salsa tártara. Tercera mordida: guacamole con jalapeño molido. Cuarta mordida: salsa BBQ. Quinta mordida: mayonesa.

Regreso al establecimiento de al lado. Pido una tercer Coca-Cola. Prendo un Pielroja.

Un señor ocupó la mesa en la que estaba antes de irme al puesto de las empanadas. Lo veo. Va en su tercer cerveza. Cada media cerveza le pide un cigarrillo al encargado de la tienda. Se levanta de la mesa, da dos pasos afuera del establecimiento, fuma, apaga el cigarrillo aplastándolo con el zapato, se devuelve a la mesa, bebe mirando fíjamente a un árbol (o a algo entre él y el árbol, o a algo entre el árbol y la pared que está detrás, o a la pared detrás del árbol), cuando termina la cerveza pide otro cigarrillo y repite el proceso. El encargado le da los cigarrillos y sigue hablando y le lleva otra cerveza. El señor llega a cinco cervezas y ya se fumó diez cigarrillos. Ya pagó el precio de una cajetilla con el doble de cigarrillos. Apunto en mi cuaderno:

«Hoy empieza mi búsqueda por la empanada perfecta. Quizá sea una tarea muy difícil, quizá algo que me tome toda la vida. Tendré que atravesar muchos países, aquellos que gocen de una tradición empanadística. Argentina es un destino obvio, México y Colombia se irán rellenando en mi mapa de viajes casi como quien avanza despacio por la vida, Portugal y España serán un destino conjunto y no menos lleno de misterio y audacia a su momento, Perú verá su día igual que Brasil, Chile lo mismo, pero Venezuela y Panamá quizá tengan que esperar a ese otro viaje que involucre otras costumbres todavía desconocidas. Uno no sabe, porque puede que ninguno de esos países la tenga, que no sea ni el hojaldre ni la masa de maíz o de garbanzo, que no sea el horno ni el disco: podría estar en Indonesia o en Filipinas, podría hasta estar en Malasia.»

Me termino la Coca-Cola y el señor ya lleva diez cervezas. Bebe rápido. Se ha fumado veinte cigarrillos y ha pagado por dos cajetillas. Lo veo ver a la nada y pienso en qué estará pensando. ¿En qué piensan los demás cuando ven a la nada sin moverse? Yo pienso en empanadas. En las empanadas que he comido a lo largo de mi vida. Mis empanadas favoritas. Hay unas empanadas adobadas rellenas de tinga en el Cañón K, en Tijuana, de masa de garbanzo. Hay unas empanadas de chicharrón cerca del mercado Bola en Guadalajara, sumergidas en salsa como torta ahogada. Hay unas empanadas de hojaldre rellenas de queso crema con jalapeños que hace una señora en Pátzcuaro. Las mejores empanadas de hojaldre. En Bogotá he comido empanadas de lechona y de carne deshebrada. Empanadas con chimichurri, con cebolla curtida. Empanadas con forma de media luna y fritas. Yo pienso en comprarle una empanada a Michelle porque fue una empanada tan deliciosa que vale la pena compartirla.

Pago la cuenta de la tercer Coca-Cola. Regreso al establecimiento de empanadas. "Volví", le digo a la señora que me mira inquisitivo. Puede que no entienda mis modales abruptos y directos, secos y frontales. Puede que para ella sea muy agresivo el comentario, la sonrisa sincera, la apertura con la que le hablo como si la conociera o, más bien, como si importara tan poco que no la conociera más allá de haberle pagado mil quinientos pesos colombianos una hora antes por una empanada como para hacer un comentario con tanto aire de familiaridad. "¿Me das una empanada de carne para llevar, por favor?" Cambia un poco su expresión. Sé que le golpea un poco el "me das" en vez de un "me regalas". Sé que mi lenguaje es violento para ella, que para ella es excesivamente imperativo, que se siente obligada, que siente la fuerza de una orden. No le explico que no soy de acá, que vengo de un norte rudo y sin preámbulos orales, sin adornos léxicos que significan nada más que lo mismo pero que hacen sentir a uno que significan otra cosa: un regalo, una sutileza en el trato. "Es para mi esposa", le digo. Otra vez su cara inquisitiva. "Me gustó mucho la que me comí hace rato." No deja de mirarme como si fuera un psicópata mientras la envuelve. "Creo que le gustará igual." Extiende la mano para dármela mientras aleja su rostro, como si temiera que pronto, fugazmente, alargara mis dedos y los convirtiera en un puñal para clavarlo en su columna, detrás de la yugular y después de haberle atravesado todo el cuello blanco y rechoncho. "Gracias, nos vemos." Y no deja de mirarme, no deja de mirarme, y le susurra algo a la otra mujer, a la que fríe las empanadas.

Camino hasta la esquina y enciendo un cigarrillo. La gente pasa. La gente trae prisa. Se me acerca un guardia de seguridad y me pide un cigarrillo. Se aleja fumando. Termino, lo aplasto contra el piso, sin dejar de mirar al árbol enfrente, o a algo entre yo y el árbol, o a algo entre el árbol y la reja que está detrás, o a la reja detrás del árbol. Sale Michelle. Pienso que quizá el hombre esperaba a alguien, a alguien que brincaría por esa pared o que cruzaría por ahí o que llegaría a él. Quizá pensaba en ese alguien. Quizá un amigo o a su amante. Quizá nada de eso. Quizá sólo pensaba en su trabajo o dejaba de pensar en ello. Michelle llega y me besa y me pide disculpas por haber tardado más de lo que debería haber tardado. Le doy la empanada. Caminamos a TransMilenio. Paso la tarjeta una vez para que ella entre al andén, la meto por la ranura para yo entrar al andén. Subimos a TransMilenio. No hay asientos. Antes tampoco hubo asientos.

2 han dicho algo.:

Bruja dijo...

Qué agradable, man. Me divierten tus atribuciones extranjeras al pensamiento de la vendedora.

Francisco Guillermo dijo...

Bueno Rafa, tal vez la vendedora de las empanadas te vio con desconfianza porque tu barba y tus lentes te dan el Serial Killer Look. Además si aquí en Tijuana pides algo y en lugar de decir me das dices me regala, el vendedor te va a mentar la madre.
Saludos Rafa, Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo, PD date una vuelta por mi blog http://comentariosdenovelas.blogspot.com y si observas faltas de ortografía (que serán muchas) por favor házmelas saber, alras!!!