domingo, 7 de noviembre de 2010

Tríptico de plagas y humo

I.

Abro los ojos y me topo con una polilla que flota. Flota y no se mueve, no aletea. La veo hasta que mi vista se acostumbra a fijarse en un solo punto. Florecen, alrededor de la polilla, tristes hilos de seda casi transparente, casi blanca. Una araña muerde a la polilla, anclada a la red.

Más tarde veo un insecto de muchas patas esconderse bajo un mueble en mi habitación. Una cucaracha en el pasillo. Moscas rondando el lavamanos.

Insectos. Acá yo tengo insectos. Mi casa está plagada. Yo estoy solo todo el tiempo.

Acá estoy solo y mi casa está plagada de insectos.


II.

Digo que quiero morir fumando y que me recuerden fumando.

Ella dice que mi problema siempre ha sido que soy demasiado bueno para dejar pasar todo lo que no quiero dejar pasar de una persona que me gusta.

Digo que quiero morir fumando y que siempre que llegaba a su casa llegaba con el cigarrillo prendido.

Ella dice que mi problema siempre ha sido que no tengo cabeza para sembrar más que en el aire y que eventualmente se van a desplomar las raíces encima.

Digo que quiero morir fumando y que no puedo esperar tanto tiempo.

Ella dice que mi problema siempre ha sido que digo las cosas indirectamente.

Digo que quiero morir fumando y que no voy a esperar dos años. No voy a esperar dos años a que la muerte me llegue, una mañana de otoño o primavera. No voy a esperar dos años, despertando entre insectos y mi soledad, en mi casa sola y plagada de insectos. No voy a esperar dos años, menos tres y menos cuatro, a que por fin se decida a venir el día en que no tenga que volver a despertar entre insectos y soledad. No voy a esperar dos años, porque no voy a dedicarme a regar un árbol seco que no me va a dar fruta. No voy a esperar dos años para un resto de la vida que empieza teniendo que hacer concesiones unilaterales, siempre unilaterales, porque ya sé que esas cosas terminan como empiezan. No voy a esperar dos años porque no tengo fuerza para esperar dos años por algo que ya me ha costado casi toda mi vida.

Ella dice que mi problema siempre ha sido que siempre espero, y que voy a seguir esperando, y que nunca dejaré de esperar.

Ella dice que yo soy el náufrago.

Ella dice que yo me quedé para siempre esperando a que apareciera la costa.

Ella dice que yo soy el náufrago y que nunca voy a llegar a ningún lado.


III.

Estamos sentados afuera de un bar gay, en una banca. Platicando. Yo fumo. Ella me dice que no fume, pero yo le digo que quiero fumar. Antes me quitaba los cigarrillos o me veía de modo que yo terminaba aplastando la colilla en cualquier lado, apenas unas dos o tres caladas después de encender el cigarrillo. Ahora fumo, le digo que quiero fumar y ya no me ve como me miraba antes. Pero no fumo tanto. La imagino embarazada y no fumo tanto.

Llega una señora a pedirme un cigarrillo, encorvada, diciéndome en inglés que es rica pero que está en Tijuana por amor y que su amor la traicionó. Me dice en inglés que sí tiene dinero, pero en Los Ángeles, aunque no es tanto y está en una caja fuerte en un cuartito que tiene en East L. A. Me dice en inglés que su amor la traicionó y ella vino a buscarlo a Tijuana porque aunque lo odia no sabe vivir sin él ya. Me dice en inglés que ella lo conoció en Tijuana una vez y que se escribieron por años hasta que él consiguió llegar de ilegal a Los Ángeles y allá vivieron la mejor temporada de sus vidas. Me dice en inglés que a él lo deportaron y ya no volvieron a estar juntos. Me dice en inglés que ella quiso independencia, porque le mandaba dinero para que volviera a brincarse, porque él le pedía que se viniera a Tijuana y ella tenía cosas por las cuales quedarse en Los Ángeles. Me dice en inglés que ella quiso independencia aunque no perderlo, pero que él se cansó y se pegó un tiro. Me dice en inglés que ella se vino a Tijuana y que era rica, que tenía dinero en una caja fuerte en Los Ángeles. Me dice en inglés que hace treinta años que se pegó el tiro su novio y que ella se vino a Tijuana a buscarlo. Me dice en inglés que sabe que sé qué hacer con ese tipo de historias. Me dice en inglés que no la deje, que no me pegue un tiro.

Nos pregunta en inglés si somos esposos, porque nota un aura de cariño muy grande entre nosotros, nota que nos gustamos mucho desde siempre, que nos entendemos y que tal vez no lo sepamos pero que estamos puestos para estar ahí y así por siempre. Le contestamos en español que somos hermanos. Nos dice en inglés que estamos hechos para cuidarnos. Se va.

Enciendo otro cigarrillo y ahora ella no me dice que lo apague. Yo la pienso embarazada y escondo el humo. Ella me cuenta de cosas muy parecidas. Ella me cuenta de cosas que se parecen mucho a mis cosas. Yo no hablo pero fumo y la veo. Yo digo nada, absolutamente nada. Ella me pregunta si sus cosas me aburren. Yo le contesto que me quedé pensando en que no quería que me pasaran esas cosas, así como a ella le pasan ahora. Me abraza. Se acaba la noche.

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