domingo, 21 de noviembre de 2010

Renace el mundo, en seis pasos

La voz del oráculo me dijo que yo escribiría el libro que acabaría con la cordura del mundo. Tal vez lo entendí mal, tal vez se refería a otra cosa, pero una idea florece si se riega con constancia así haya nacido de un malentendido, y no dudará en convertirse en bosque oscuro.


I.

Desperté con ese sabor cobrizo al fondo de la boca, el sabor de los días prefijados bajo la puerta de la discordia. Eso que llaman "amargura".

"La verdadera vida está en otra parte", me dice Rimbaud después del primer jalón a mi primer cigarrillo.


II.

Estoy enfermo y el mundo muere. Estoy enfermo y el mundo se quiebra. Estoy enfermo y mi vida me olvida y me traiciona y me abandona.

Mi vida me abandona.

Abro la puerta y veo que mi vida me abandona, veo que me olvida y me traiciona. Abro la puerta y veo que mi vida no se da cuenta de cómo se está yendo, de cómo me está dejando a solas en una noche cada vez más densa y más fría y más oscura.


III.

No duermo. No puedo dormir.


IV.

Perdí la cordura. Tal vez llegué a entender mal al oráculo, pero mi mundo sí se vino abajo, mi mundo sí se rompió y terminó. Mi mundo se cayó. Mi mundo se me hizo arena entre los dedos. Mi mundo se desvaneció, hecho humo y cenizas.

¿Qué se siente despertar sin alma, sin propósito, sin sentido?

Se siente como despertar con cobre en el fondo de la garganta, eso que llaman "amargura". Se siente como una fatalidad: vuelven esas palabras del oráculo, vuelven esas advertencias, vuelven esas alusiones a todo lo que siempre encaminó todo a este mismo punto y a ningún otro: no se pudo llegar a otro lado, aquí teníamos que terminar, aquí tenía que ser. Todo llevó aquí siempre. Todo siempre ha estado llevando al aquí y al ahora. ¿Y qué me dice la voz aquí y ahora? Me dice que no más, me dice que fue suficiente, me dice que no es posible más, no es posible seguir, no es posible vivir otro minuto más.

Decido terminarlo todo, porque eso le entendí al oráculo que tendría que hacer.


V.

Muerto.

Mi vida sufre.

Mi vida llora.

Mi vida sufre y nunca vi sufrir a nadie como a ella.

Mi vida llora y nunca vi llorar a nadie como a ella.

Yo sufro, yo lloro, y nunca sufrí ni lloré como por ella. Sólo hay un camino, le digo, sólo uno y otro no es posible, otro nos volverá a llevar aquí, nos volverá a traer a este mismo punto, nos volverá a separar y a matar y a arrebatar la cordura. Sólo hay un camino. Es eso o no podemos caminar. Es eso o todo fue mentira. Es eso o esto no es importante, vivir no es importante. Sólo hay un camino posible, lo sabemos, por eso lloramos, por eso sufrimos, por eso no queremos volverlo a sentir.

Mi vida llora y sufre y yo lloro y sufro con ella.

Vemos atrás todo lo que se ha secado, toda la locura que hemos infligido al mundo. Vemos el libro. "Escribiste un libro que acabó con la cordura del mundo", me dice.

Le pido que no lo volvamos a escribir. Me jura que no lo volveremos a escribir. Le creo. Me cree. Confío en ella. Confía en mí. La perdono. Me perdona.

Nos tomamos de la mano.

Volvemos a empezar.


VI.

Renace el mundo. Todo está bien.

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