miércoles, 25 de agosto de 2010

Ya no hablaré de puentes

Cruzo puentes todos los días. Ayer, por ejemplo, lo hice cinco veces casi intencionalmente.

Hay algo que me gusta de cuando estás arriba, algo del viento que se siente más fresco. Algo en el ver hacia abajo y ubicar a los que cruzan sin él, los que cruzan a nado desnudo la carretera. Es como meterse a un río con cocodrilos, con anacondas, con pirañas. El puente, en cambio, da la perspectiva de ver esos peligros más objetivamente y poder decir: "nah, puro mito... o sea, sí hay como tres cocodrilos pero están todos lejos y ahuevonados". También, el puente, permite quedarse un buen rato ahí sobre el agua, sobre el abismo, sobre el ojo del volcán, o simplemente caminar por encima de ese medio como se camina en cualquier terreno seguro, muy seguro.

Los puentes, en otra instancia, acercan de otro modo, como en ese cuento de Michael Ende, en el que uno de un país se casa con una de otro país, países que se comunicaban por un puente, un puente que nunca terminaban de construir.

Ya sabemos a dónde voy con esto: a estar sobre el puente, a construir el puente, a cruzar el puente. Y lo hice, lo hago diario. Porque el puente fue muy bueno, muy bien construido, muy bien reforzado, y ahora lo podemos cruzar sin miedo, de un lado a otro, en todo momento.

Entonces creo que ya no tengo que seguir hablando de hacer puentes, ni de puentes en general, a no ser que algún día se rompiera y hubiera que repararlo o, no sé, en el peor de los casos, no volver a levantarlo. Lo dudo.

Creo que el futuro es ya no hablar de puentes, sino de aeropuertos.

1 han dicho algo.:

Gloria dijo...

compañero: cruce de nuevo el puente y vuelva para este lado, que hace una semana ya que no escribe...!!
=) Salú y muchas fuerzas en estos meses de espera