martes, 11 de mayo de 2010

Sentidos/ Sueños/ Traducciones/ Palabras/

Muchos sentidos se me pierden, esos de las cosas que me gritan desde su silencioso interno y pasan desapercibidos por mis uñas. Son los que más quiero que permanezcan, no se fuguen, se siembren, germinen, florezcan; que, yo sé de esto, que es lo que no debe ser justo eso: florecer, germinar, sembrarse, sino lo opuesto: fugarse: huyen porque huir es la naturaleza de la libertad.

Y pierdo más cosas: no sólo las que deben perderse, sino todas, todas las que quiero que no se pierdan, hasta las que me pertenecen aún tras escapar, en mi cabeza, de mis caricias.

Hablo de la materia de mis sueños, porque despierto y todo se ha ido.

No quedan las conversaciones, los abrazos, las mareas, las visiones del desierto y sus coyotes, el iceberg azul que se desprende de la masa de hielo y rompe al mar, los lenguajes extraños, los árboles fundidos al correr demasiado a prisa por la carretera: se va todo, todo menos los besos, todo menos las voces, todo menos las caricias, que no se van de la impresión táctil pero sí, poco a poco, de la memoria colectiva donde no sucedieron si no se dicen, si no se cuentan, si no se hacen parte de una canción secreta y de una sonrisa doble o de una marca de registro en una boleta agujerada.

Por eso despierto y abro mi cuaderno, anoto mis sueños, anoto las conversaciones antes de que huyan de la memoria, repaso mis labios aún cálidos, reafirmo las marcas en mi piel, canto las canciones, dibujo los árboles y los ríos y las nubes, busco fotografías de Londres y del Ártico, de Tánger en 1932. Así no les privo su libertad: los dejo irse de mi memoria, los dejo borrarse, los dejo dejar de ser, y a cambio yo me quedo con mi impresión escrita, su traducción, su paso de su lenguaje al mío en el que ya me es dado hacer con ellos hasta donde mi libertad de interpretación me deja.

Hago de Oniria un campo fértil pero yo no siembro en él, sino que él me siembra a mí. Yo no así mis palabras, sino que mis palabras me hacen a mí, "mis", sin ser mías, nunca mías, porque yo no las retengo, yo no las poseo: son ellas las que me desplazan.

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