Hay que tener cuidado, mucho cuidado, y pensarlo bien antes de aceptar galletas y yogurt el día del niño. Siempre me lo dijeron mis padres, faltaba más, pero con mi tendencia a desobedecerlos sólo en lo que una persona sensata no desobedecería es de esperarse que me pasen este tipo de cosas.
Se me había hecho un gesto lindo y cómo no aceptarlo. Galletas. Yogurt. ¿Por qué no? ¿Qué podía salir mal? Bah, siempre algo sale mal, ni que no lo supiera: la vida tiene este fetiche mamón por chingarme todo nomás porque sí, porque su gusto es.
No empezó hoy, pero apenas hace un rato recordé unas palabras que me dijeron cuando comenté lo de las galletas y el yogurt, un acertado (y que ahora me parece peligroso) "aguas con las señoras que te regalan dulces porque andan buscando clavarte". Hija de puta, no quiero clavarme ahí, ¡toda gorda y fofa!
El asunto es que hoy tuvo la confianza, la señora esta, para juzgar mis hábitos autodestructivos. Llegué al camión y comenté que qué temprano para que ya estuviera ahí (el camión) si normalmente llega después y ella me dijo "qué temprano, sí, pero para estar tomando Coca-Cola!", justo así, como haciendo énfasis sólo en la última palabra, por eso no le pongo el signo de exclamación de apertura. Hija de su reputísima y bomba madre... ¿qué? ¿Temprano? No es temprano para tomar Coca-Cola cuando ya te fumaste tres cigarrillos y te zampaste dos rebanadas de pastel y dos tazas de café. Ya estaba bastante desayunadito, doña, ¿eh?
Pero el caso no es tanto ese, sino que Néstor se haya reído en voz alta y yo no pudiera evitar voltear la cara a su lado para soltar una especie de carcajada iracunda y toser a la vez (eso me pasa cuando me enojo por algo que me parece tan pendejo que a la vez me causa risa) y que, acto seguido, la señora se haya indignado al grado de esperar a que yo me pusiera a leer y esperar a que yo fuera a medio capítulo (un buen capítulo, cuando Holden está con la putilla en su cuarto de hotel y anda de baboso diciéndole que platiquen y me imagino que la puta está buena y me cachondeo y me imagino lo que yo haría ya estando ahí porque, bueno, ya estás ahí, disfruta tu puta, total) y entonces soltarme un discursito lloricoso sobre las responsabilidades en cuanto a los malos hábitos de los amigos y yo ahí teniendo que soportar esas jaladas cuando le pude haber dicho: "señora, acepté unas galletas y un yogurt que me dio, muy ricos, pero eso no nos hace amigos: recordemos que me los regaló, para empezar, porque el niño al que se los iba a dar no vino ese día", pero igual soy amarillo como Holden y ella no es el tipo de puta que disfrutaría.
Pero digo que no es la primera vez. Antes me había interrumpido igual a media lectura, con Mishima, en una escena en la que el narrador se tripeaba un sueño en el que organizaba un banquete caníbal con el cuerpo de un muchacho harto sabroso (y la precisión en el momento de interrumpirme me hace pensar en un férreo evangelismo y poderes psíquicos). Primero me hizo cerrar la ventana porque hacía frío, pero ese frío que a nadie más le da porque evidentemente hace calor, uno está sudando incluso, y hace que uno se pregunte cómo es que tanta grasa le da a esa persona el efecto inverso al que buscan los animales árticos armando su gruesa capa de lípidos protectores. Después se puso a armar barullo con la muchacha sentada enfrente de ella que, hay que aclarar, no se veía muy interesada y que también sudaba por el calor que hace en un puto camión repleto, con cincuenta personas respirando y pedorreándose, sobre todo si se le cierran las ventanas y no se deja que circule aire fresco. Puro dióxido de carbono. Luego andan con sus pendejadas de que fumar da cáncer y se jode a la capa de ozono y que no fumes el 31 de mayo, por el amor de Dios. Total, que la vieja la mandó a la verga y como a los cinco minutos, cuando iba en esta escena tan buena que decía, me pregunta que si yo qué opinaba. ¿Qué opino de qué putas, doña, si no le prestaba atención a su chismeo? ¿Que no ve que estoy leyendo o qué vergas? Pues la cosa era que había visto un accidente automovilístico, una colisión a altísimas velocidades en la Vía Rápida Poniente y estaba en duda de quién era el culpable y, ergo, quién debía pagar por los daños. Revisé el caso como el experto amatéur que soy y deduje, sherlockianamente, que el taxista era quien se llevaba a su casa un grueso saldo de desnutrición y muerte hormonal por las borracheras consiguientes al pago de los daños. Luego me recriminó no haberle estado prestando atención desde el principio porque contarme de nuevo la historia (ah, cabrón, ¿me la había estado contando a mí la primera vez o a la rubia teñida?) la dejó muy agitada, aunque ya no la agitó contarme otros veinte choques espectaculares, como para hacer una compilación en YouTube, que había visto en los años que lleva trabajando aquí. Uno hasta fue en el estacionamiento, por ejemplo.
Me da hueva. Es como esa vieja con la que te escapas de un bar en el que hay un ambientazo y drogas y cerveza a lo pendejo y todos tus amigos con las conversaciones más chingonas de la historia porque estás caliente y ella está sabroseándote por abajo de la mesa y piensas "ahuevo, mija, ahorita te voy a enseñar qué pedo con la manzana de Adán"; te la llevas, van rumbo a tu casa sin dejar de sabrosearse en el camino, se estacionan fuera y empiezan a besarse, empiezas metiéndole la lengua hasta el fondo, batiéndola entre los dientes y las encías y el frenillo de la lengua, y empiezas a bajar por el cuello, la escuchas suspirar y piensas "ya se armó, aquí estamos los dos en el mismo canal, igual de pinches calientes" y no te quiere dejar chuparle las tetas y crees que es parte del juego, pero no quiere, y no quiere, y te saca la mano que se acerca por la entrepierna, y no quiere, y desvía la cara en un abrazo, y te empieza a suspirar en el hombro, y suspira, y suspira, y luego te besa con ternura y ya, se jodió todo, la pendeja está enganchadísima, está enamorada, quiere que mañana le lleves flores y la invites a cenar y sigan saliendo así por dos semanas sin dejarte chuparle un puto pezón hasta que no seas su novio. Vete a la verga. Así de jodón. Y yo sé que el símil parece algo lejano pero, a ver, mija, ¿cómo te explico que un beso no es para enamorarse, que hay veces para coger y ya y luego fingir como que no pasó nada y seguir siendo cotorreando chido y sin compromisos? O, a ver, doñita, ¿cómo le explico que hay días en los que está bien un intercambio de sonrisas y chistes y de galletitas y yogurt, pero que al otro día no es necesario empezar a contarme su pinche vida y pensar que yo voy a entrar en confianza como para contarle de la mía, sobre todo si le preocupa que tome Coca-Cola a las siete de la mañana cuando es el menor de mis vicios, eh?
3 han dicho algo.:
Aaaaaaah jajajajajaja
jajjaja...es un gusto estar de nuevo por aquí, casi había olvidado su sentido tan agrio del humor....Saludos!!!
hey! es genial :).
quiero seguir este blog, como lo hago?
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