viernes, 9 de abril de 2010

Soledad

(Canción solipsista a mediodía)

Perderse
en la ciudad que se llama propia
Perderse
entre calles frecuentes
Perderse
buscando un lugar por el que se ha pasado incontables veces y del que se incluso se guardan anécdotas peculiares
como
de atravesar un batallón
armado
tanques y camionetas
encapuchados y encascados
sin ojos ni oídos
Perderse
entre lo conocido y lo de siempre

Soy así de distraído, así de malorientado.

*

Mamá me regaló un mapa cuando cumplí dieciocho años, un mapa de la ciudad
Tardé eso
dieciocho años en salir de mi habitación y sus mundos anexos
Dieciocho años
viviendo
en la Ciudad de México, los altos de Jalisco, París, Nueva York, Lima, Bogotá, Buenos Aires, La Habana, Tokio, Montreal, San Francisco, Tánger, Salamanca, Barcelona, Londres, Moscú
todas las capitales
también provincias
Medellín Mendoza Valparíso Providence Vizcaya Fukoka Vigby Venecia Combray Macondo Comala Los Círculos del Infierno Hades Olimpo Xibalba Tenochtitlan El Dorado Sarajevo Caborca El Viejo Oeste Atacama Rl'yeh Tlön Pereira y Lisboa
Dieciocho años
y no había visto el mar de arriba
las nubes de abajo
el sol de medianoche
Dieciocho años
y me perdía sin salir de mi habitación
y me perdía para ir a la escuela
y me perdía para caminar de mi casa a la tienda en
el fraccionamiento de al lado.

Tengo ese mapa colgado en mi pared
para recordarme
con una tachuela roja
que no estoy en
París, ni en Londres, ni en Bogotá, ni en el Gran Cañón
para recordarme que
aunque me siento entre las grandes planicies del Colorado
entre las nubes comestibles de las cimas de los Andes
nadando bajo el hielo del ártico entre osos polares y morsas de grandes colmillos
el Eje Cafetero
un opiario del viejo Beijing
sigo
en mi habitación de Tijuana en el comienzo
del siglo XXI
donde apenas
llueve en invierno
menos cae nieve
pero los atardeceres
duran
una hora y son azules, morados, rojos, anaranjados, amarillos y verdes

Se me olvida, todavía, a ratos, que aquí no es como las grandes ciudades que he visitado, y que lo que hay aquí no hay en otro lado.
Se me olvida porque se me olvida que estoy aquí
y que aquí
no está el mundo.
Se me olvida porque encuentro mucho, cuando me pierdo cerca de lugares que conozco, un rincón sombreado entre laboratorios y hospitales, con árboles de clima más frío y lluvioso, pasto, y veredas de tierra suave y de un café que sé que no es el de aquí.
Me siento y me recargo
bajo un vitral
y
aunque la arquitectura sea
caótica e inconexa
me siento igual que como me sentí al sentarme
en el pilar que fusilaron a Mariano Matamoros
donde acaricié los agujeros del plomo todavía hirviendo en la cantera
igual que como me sentí al sentarme
en una banca en Polanco afuera de la embajada española
viendo
pasar
tantas veces a una muchacha
de piernas hermosas que circulaba en bicicleta
piernas que a su vez me recordaban a otras piernas
hasta que de esas piernas se fueron las piernas frescas del recuerdo y pasaron a ser
las piernas solas de esa muchacha
tan suyas
y tan con ganas mías de que fueran mías apenas
en el instante de erizarlas
alrededor de mi
cadera desnuda
deseo para ellas y no para las otras que fueron primero
para ellas desde ellas y por ellas.
Así me despierdo y
recargado bajo el vitral ya no estoy
tampoco
en Pátzcuaro viendo la danza de los viejitos mientras como corundas con café
ni en un café en Xochimilco esperando la lluvia
ni lloviéndome encima el mar de arriba en la cima de Teotihuacan
ni arriba mariguano en una banqueta de East L. A reposando
ni en reposo la espalda en un mangle del estero de Montelargo enseñándole a mis sobrinos a cazar cangrejos con una vara sin lastimarlos.

Estoy sentado enfrente de la Procuraduría General de la República
(Roma pienso en Roma)
entre laboratorios y hospitales
en un descanso artificial del concreto eterno
fumando y sintiendo el aire de la sombra.

Pienso muchas cosas, y conforme las pienso las dejo de pensar:
ya no digo que necesito una brújula para no perderme, como iba a decir, como pensaba escribir después de mencionar el mapa cuando empecé a escribir y pensé que tenía una estructuración presente de las cosas que se iban a dejar venir como si las formas no se dictaran por su propia voluntad como si yo pudiera como si se pudiera como si cualquiera pudiera decirle a la escritura cómo debe escribirse o al corazón cómo se piensan las emociones (en teoría)
ya no digo
que me ampollé los pies dando vueltas entre cuadras, varias cuadras más lejos,
antes de perderme entre calles conocidas
calles por donde paso todos los días
ya no digo
que me quemé la cara bajo el sol, que se me enrojecieron las manos
por mi alergia al sol
ya no digo
que me duele la espalda
ya no digo
que pienso demasiadas cosas diferentes durante el día
que entre esas aparecen
repartidas
esporádicamente
las cosas que pienso de pronto
de otras personas a quienes no puedo pensar todo el tiempo pero pensarlas
por un segundo
por una palabra
que leo
escucho
digo
es como si las pensara todo el día.

Me encuentro aquí
todavía perdido, perdido porque aunque sé dónde estoy no estoy seguro de saber dónde voy a estar mañana (tan lugarcomún porque nadie nunca lo ha sabido y todos siempre lo hemos dicho), o si voy a volver a habitación a ver la tachuela roja, o si voy a agarrar un avión a otro país, o si voy a agarrar unas páginas a otra época, o si voy a agarrar una almohada a otro plano.

Me distraigo mucho,
me distraigo mucho
demasiado
me distraigo para frotar el tiempo y a veces...
porque siempre estoy solo.
Estoy solo aún si estoy con alguien
veo a los demás como parte del paisaje
una sonrisa es lo mismo que una hoja que se desprende de una rama
una palabra
dos palabras
son lo mismo que el viento al que me suelto en alientos
Me pierdo porque no me existen
los otros fuera de mí
y no me existen
porque ellos también se pierden
aunque no lo sepan
y yo no les existo fuera de ellos.
Soy lo mismo
que los cambios del clima
que el chapoteo de la cuchara en su taza de café
que el cabello que ya creció el doble
el triple
sin darse cuenta porque se le ve todos los días
todos los días se le ve igual que ayer.
Nos perdemos porque
pasa todo el tiempo
está pasando con el tiempo
pasa en el tiempo
pasa como el tiempo
que se nos olvida el antes de conocernos
se nos olvida cómo fue conocernos
se nos olvida que antes de dejar de conocernos éramos tan desconocidos como siempre
fuimos y seremos
Nos perdemos
nos perdemos porque vemos
sólo somos capaces de ver
una fotografía, un instante sin movimiento y
definimos los ritmos del corazón y los pulmones en sesenta segundos
eso que llamamos frecuencia cardiaca y respiratoria normal
Nos perdemos
porque sentimos que hay una norma
y pensamos que las transiciones son la norma
que pasamos
de un estadio a otro
y pensamos que existen
el pasado y el futuro
Nos perdemos
porque no percibimos
el flujo constante (más allá, hasta de la muerte, más allá)
que mientras fluimos somos corriente
y arrastramos y ahogamos y bañamos y acariciamos
todo a la vez y a la vez que ningún momento
Nos perdemos
nos perdemos
porque mientras nos sentamos
a mediodía
a fumar y pensar
a descansar y tranquilizarnos
sentimos que existen los lugares
donde hemos estado y donde vamos a estar
y no vemos la tachuela roja en el mapa, se nos olvida que está ahí el mapa
y pensamos
y creemos
que estamos en otros lugares, en otras personas, cuando, aunque estuviéramos a su lado, sólo vamos a estar solos, solos con nosotros solos y nadie más, solos todo el tiempo cruzando calles que siempre cruzamos y de las que tenemos anécdotas (como de una tarde en la que cruzamos frente a un batallón armado, con tanques y camionetas, todos encapuchados y encascados y como ciegos y sordos a nuestro paso), solos todo el tiempo, en nuestra habitación, leyendo.

1 han dicho algo.:

Chepi Bola dijo...

quiero seguir tu blog u.u.