viernes, 30 de abril de 2010

Cultura Sísmica

"Tal vez ya sea un vicio de carrera." La cosa aquí es que no sé si creerle a esa voz que me lo dice con sorna, desde lejos, esas distancias internas ajenas a mí, casi desde mis fronteras, entre lo que roza a mí y a los otros. Yo no lo digo, aunque me lo digo. Me lo dice el yo deslindado de los bordes que es más la asimilación de los otros, su parodia. Pero tal vez sí sea un vicio de carrera.

Al principio me preocupaba un poco prestarle más atención a las faltas de ortografía y sintaxis en la presentación que a la misma presentación. Llegué a pensar que si no dejaba pasar ese "vicio", si no ignoraba la necesidad de comentar que un "por qué" fue escrito como "porque" y un "cómo" como "como", perdería información que, aunque no de mi interés, me podía ser útil en algún momento.

Esa sensación duró acaso tres minutos: lo que tardó en cambiar de la primera diapositiva a la segunda, donde los errores eran tan numerosos y tantos que mis ojos, exigiendo clemencia, llenaron de plomo la sangre de mis párpados para cerrarlos indefinidamente.

Temí la muerte.

Me rendí, dejé de ver la pantalla o, cuando la veía, dejé de comentarle a Zamara y a Nina, a mi izquierda y derecha respectivamente, mi conteo de "erratas". Pero, entre que me rayaba la mano una y abría una lata que hacía eco en todo el audiovisual la otra y todos volteaban a nuestra dirección, empecé a preocuparme ya no por los errores escritos, sino por las incongruencias dichas.

Me pregunté si era vicio de carrera que me chocara tanto, si fuera distinto si estudiara economía, derecho o administración, ingeniería, y, claro, justificando lo vicioso, deduje que, si acaso fuera distinto estudiando otra cosa, no quisiera jamás estudiar otra cosa, así me prive de sutilezas propias a otros ámbitos como, en un caso similar, excitarme ante la mención de un tipo especial de hidroconcreto o una incongruencia legal.

Llegaba a esa conclusión en la apoteosis de la ruptura del sinsentido, tras el cual todo fue una prolongación aparentemente innecesaria y aburrida de una ausencia absoluta de conocimiento —cuando la conferencia era para "otorgar conocimiento" y "concientizar" (y no, el verbo no existe, y lo odio, igual que Michelle)—, pero aparente porque parecía que ese alargamiento del tedio intencionaba mi asimilación en la memoria de las frases dichas, cansado y hambriento, necesitado de café y cigarrillos, cuando vino a mí una imagen harto exquisita y juiciosa, de un sismo en el que, como en uno de los videos mostrados a nosotros, el instructor de Protección Civil fuese el primero en correr fuera de la sala audiovisual justo después de decir que no corriéramos en caso de temblor (a lo que yo siempre he dicho, y Zamara lo confirma diciéndolo primero: si te están cayendo escombros encima, ¿cómo no corres y ayudas a los demás a correr si no tienes un caparazón de tortuga o caracol para replegarte y quedarte quieto? Claro, cuando no hay refugio, como en esa sala, donde las mesas duras son inexistentes, por ejemplo.)

Transcribir todas esas frases sería empresa inútil a mis intereses, primero porque habría de transcribir dos horas de conferencia, entera, y segundo porque la mayoría eran repeticiones de varias fórmulas definidas acomodadas a ligeras variantes sin tanto impacto más allá de la primera vez.

Por ejemplo, una frase repetida de diversas formas, cambiando acaso verbos y sustantivos, es esa tan familiar del pleonasmo más estúpido, a no ser que se tenga fe en ciertas posibilidades y, bueno, entonces cada quien. El resucitamiento, por ejemplo: "Porque si morimos, la vida, desafortunadamente, no se recupera."

Otra, más un tecnicismo de contexto, es que al referirse a las fallas geológicas se haya dicho que "la superficie de la falla puede ser vertical, horizontal o en ángulo recto a la superficie de la tierra" y que, inmediatamente después, haya explicado esto diciendo que era como partir una pelota de tenis, o cualquier objeto esférico. Claro, si el corte fuera de tal modo como él dijo que era la falla (atravesando toda la Tierra), no se puede hablar de verticalidad, horizontalidad o angularidad (?) pues, en el espacio, no existe horizonte ni vértice ni ángulo. Vea pues. No que no entienda perfectamente a qué trataba de decir, pero, caray.

Otra, que me intriga, la fórmula de volver "cultura" algunas cosas, por ejemplo, los sismos. Cultura Sísmica. ¿Te cae? ¿No era Cultura de Prevención Sísmica? (Término, por su cuenta, asquerosamente inapropiado.) "Debe ser permanente la Cultura Sísmica, ¿no?" Ah, pues, bueno, en dado caso ahorita regreso, voy a... ¿sismear?

Ya otras, más aisladas, las de restarle importancia inmediata a datos según inútiles so pretexto de agilizar, dizque lo intencionado por la conferencia, el aprendizaje de las medidas de prevención necesarias para evitar la hecatombe divina del temblor (cosa que no se cumplió pues, jamás, en momento alguno, se nos dio información de prevención sino datos, datos que se quedaban a medias por la de la anulación de esos datos que "no importan"). Por ejemplo, decirnos, al hablar de magnitud e intensidad, que no nos importe si es oscilatorio o trepidatorio, que eso no tiene relevancia (pero lo dijo justo después de tratar de explicar lo importante de conocer al sismo para saber si las estructuras arquitectónicas sufrían qué tipo de fallas...)

Por último, la más aplaudida, la más comentada, sobre todo por la misma Zamara y yo, posteriormente, cafeteando, esa pregunta hecha al público asistente, respondida del modo más cantinflesco visto en esa sala audiovisual:

—¿Alguien de ustedes me puede decir por qué puede haber sismos en Tijuana?
—Porque nos encontramos cerca de una falla muy importante.
—No, no es por eso. ¿Nadie más?
...
—Bueno, a ver, ¿quiénes de ustedes sintieron el sismo reciente de la ciudad de Mexicali? Levanten la mano.
(Levantan la mano todos)
—Bueno... pues... por eso.

Claro. Faltaba más.